
Carlos
Mi nombre es Carlos Javier Corento Calado, de 34 años y vecino de Los Alcores desde que nací, por lo tanto, feligrés de nuestra Parroquia del Espíritu Santo, lugar donde recibí el bautismo el 30 de noviembre del 1991, y donde recibí también el sacramento de la Eucaristía un 21 de mayo del 2001.
Antes de entrar en la realidad de la Parroquia, estaba involucrado en una Asociación de Fieles la cual tenía como titular una imagen mariana (que actualmente podemos encontrarla en el templo bajo la Advocación de Ntra. Sra. de los Dolores), allá por el 2010 hasta que la imagen entró en la Parroquia en el 2015, primeramente, en la capilla de la Cripta y desde hace un par de años en el Templo.
Cuando los jóvenes que pertenecíamos a esa Asociación decidimos entrar en la Parroquia, lo primero que hicimos fue prepararnos, recibir catequesis para confirmarnos, y nos confirmamos en junio del 2014. Tras la confirmación, comenzamos a ser catequistas de 2ª Síntesis a los jóvenes de confirmación.
Mi conversión nace a partir del 13 de enero del 2017, día en el que fallece mi abuela paterna, mi abuela Carmen. Yo nunca la había visto mala, ni la recordaba en el hospital, y en 13 días, se puso mala un 1 de enero y fallece el 13. En ese momento me enfade con el Señor y me separe de la Parroquia de nuevo, pero volví. El día que se cumplía un año del fallecimiento de mi abuela, el mismo día, fallece una compañera de la parroquia, Carol, a la que no pude asistir a su funeral por empezar un nuevo trabajo de cocinero ese día. Esta vez no me enfade y tampoco me separé, esta vez, aunque no pasaba un buen momento anímico, con apoyo de una buena amiga y catequista (Auxi), empiezo a asistir diariamente a la Eucaristía y a rezar el rosario.
Una tarde, frente al Sagrario, me preguntaba que quería el Señor de mí y, cada vez que me lo preguntaba, mi corazón se agitaba. Por lo que decidí hablarlo con nuestro párroco, Antonio Vergara; él me trazó un camino a seguir y poder conocer qué era eso que agitaba mi corazón. Comencé a acolitar en misa, para poder estar más cerca del Señor, realicé ejercicios espirituales con la Pastoral Juvenil de Sevilla, cursillos de cristiandad, estudié en la Escuela Diocesana de Liturgia… Pero el momento de oración diaria era lo más importante.
Seguí ese camino hasta que llego el primer confinamiento que tuvimos en el año 2020, en la noche de Pascua, en el momento de la consagración, Antonio levanta el Señor, lo miré fijamente, eché mi mirada hacia atrás, hacia el Templo vacío, y volví a mirar al Señor, y me di cuenta lo que el Señor quería de mí, quería que lo siguiera y le diera a conocer a todo el mundo que no lo conoce y que no puede ir a visitarlo. Y pasando el verano de ese año, decidí dar el paso definitivo: El Señor me llamaba y tenía que contestarle. En enero de 2021, comencé a asistir las convivencias de la Pastoral Vocacional del Seminario. Y en junio, ya tenía claro que tenía que contestarle con un “sí” y estar junto a Él.
En septiembre del 2021, comencé mi camino vocacional en el Seminario, y actualmente, en septiembre del 2025, comienzo el 5º curso. Si Dios quiere, queda menos de un año para la primera ordenación, la ordenación diaconal.
La Parroquia ha sido muy importante para mi discernimiento vocacional, gracias a la oración diaria en el Sagrario, y gracias sobre todo a la ayuda y guía de nuestro párroco Antonio Vergara. Gracias a que un día la Parroquia nos abrió las puertas a un grupo de jóvenes con ganas de trabajar y aprender, pude acercarme más al Señor, a vivir con intensidad la Eucaristía, a aprender de todas las personas que conforma la comunidad parroquial. El Señor siempre siembra en nuestros corazones, y nos llama a cada uno por su nombre, no porque sea más inteligente, más guapo o más feo, no, nos llama personalmente para trabajar en su Reino y con su ayuda conseguir grandes beneficios para todos.
En este año en el cual la Parroquia celebra su 50 aniversario fundacional, puedo decir orgulloso que me alegro mucho y me siento muy feliz de formar parte de la Parroquia, ser Seminarista de la Parroquia del Espíritu Santo. Porque este año será un curso bonito con esta celebración, pero si Dios quiere, en poco menos de 2 años, de nuevo celebraremos algo grande, en el día de la ordenación sacerdotal y celebrando la Primera Misa en la Parroquia, en Nuestra Parroquia.
Para terminar, decir que rezo cada día por cada miembro de la Parroquia, y os pido que recéis por las vocaciones, tanto sacerdotales, religiosas o al matrimonio. Y también recen por los seminaristas de nuestra Parroquia, por Álvaro, recién entrado en curso propedéutico y por mí, en esta etapa final.